miércoles, 16 de mayo de 2012

Cuní, Rahola, la tropa y el 15-M


Están todos. Todos aquellos que, gracias al mayo del 68 y a la imparable vulgarización de la cultura de los últimos decenios, se han ido convirtiendo en lo que hoy llamamos 'un intelectual'. Pero de la intelectualidad sólo guardan la sombra de lo orgánico. Sí, son mercancía, pero al fin y al cabo, habíamos creído que democracia y mercado eren hijos de un mismo parto. El uno feo y fariseo, el otro bello y rosado, pero ahí iban cogidos de la mano. Así que están todos y no falta ni uno en el edificante debate acerca del 15-M. Y cómo es normal -hijos como son de tan encantadora superstición liberal- muestran sus reticencias.

Aunque algo hemos ganado. No hace ni seis meses no dudaban en lanzarse al cuello del ingenuo progresista, ese bobalicón empeñado en su izquierdismo. Siempre sospechoso de buenista, cuando no acusado de pijo rematado con complejo de culpabilidad.
Enarbolaban realismo, que en cristiano significa austeridad. Hoy sólo muestran reticencias y añaden simpatías. Pero no es suficiente. A esos que desoyeron evidencias como que una economía en recesión pronuncia su caída al proclamarse campeona de recortes; que lo más grave de nuestra situación es que ni siquiera sufrimos una crisis de deuda, sino de especulación sobre la deuda; a esos, les hubiera bastado, al hablar del 15-M, imaginarnos hoy sin él.