viernes, 24 de junio de 2016
FASCISMOS II
domingo, 15 de mayo de 2016
FASCISMOS
Uno de los aspectos que me resultan más asombrosos y aborrecibles de lo que antes llamábamos "ideología dominante", es esa curiosa forma de fascismo que exhorta a los púberes al disfrute permanente y desacomplejado, y que les otorga de facto el derecho a la indolencia contumaz, mientras que, a la vez, exige a la adultez soportar las más viles humillaciones, responsabilidades, deberes y demás industrias de la competitividad y la miseria.
Nuestras escuelas son un espectáculo colosal en el cual los intérpretes se han quedado en blanco y sobreviven gracias a la ventrilocuía. Los powerpoint hablan por ellos.
Propondría decir "no" a los niños, aunque fuera de vez en cuando; exigir a los adolescentes aprovar la ESO con cierta dignidad; y, a la vez, me plantearía atreverse a levantar ni que fuera el dedo por algún que otro derecho laboral. Pero es que está muy mal visto. Pero que muy mal visto.
miércoles, 13 de enero de 2016
ROMANTICISMO I
y luego vomitado
no lejos de un escollo coronado
de secos juncos, de calientes plumas,
alga todo y espumas,
halló hospitalidad donde halló nido
de Júpiter el ave.
Besa la arena...
Embarrancado por enésima vez -¡son tantas!- en el embrollo de contar a los púberes la rotundidad de ese momento electrizante y denso, contradictorio y ambiguo y matriz de todos los que hemos conocido después. Ese momento tan esquivo en que Dios lanza los dados y detiene el mundo y después desaparece -los dados en el aire sin que nadie sepa ya si habrán de caer-. Embarrancado, digo, porque ya no sé si tengo fuerzas para explicarlo de nuevo, sostener de nuevo todas las bolas del malabarismo sin sufrir daño en el intento de sostener, digo, que ese instante los contiene todos cuando, lo que le es propio -pues es instante- es la fugacidad, la aceleración, la densidad del relámpago frente a lo que todo empalidece y todo es deuda.
Lo propio del Romanticismo es el instante. No es un naufragio, es la zozobra; el barco que en plena lucha se sabe a la deriva; es el barco en el momento del naufragio. Tiene desarrollo, pero se limita al tiempo acelerado que se da entre la zozobra y el hundimiento. Todo lo demás es Neo. Son las consecuencias, la modernidad y sus postmodernismos. El náufrago hablando solo, haciendo muecas, pavoneándose en el angosto silencio de la playa que solo él interrumpe.