domingo, 4 de septiembre de 2011

Apreciado Josep,
Las declaraciones que hoy he leído en prensa de un joven con Máster para la docéncia en secundaria m'he han hecho pensar en ti, y en la ya célebre expresión que utilizabas para ahuyentar a los pobres de espíritu y ánimo pusilánime: "¡Collonades!". Igualmente, he recordado como explicabas en el "Quadern" que las fuerzas de todo individuo con cierta pretensión de proyecto intelectual basculan, en este país, entre la joven observación de que "todo está por hacer", hasta la ineluctable confirmación de que "en este país no hay nada que hacer". Tus Collonades, el sustantivo exacto que da nombre a la dignidad expeditiva del cansancio y del hartazgo, de la certeza de que -aún y ser cierto que el único diálogo posible es el que sostenemos con el enemigo- todo contrincante debe garantizar, almenos, una dosis razonable de amenidad, cortesía y aptitud.
Así entonó el joven cantor, decepcionado después de su primera exepriencia entre los angelitos de la ESO: "Lamento que no se me haya ofrecido una formación más práctica, me doy cuenta de que no nos dieron suficientes estratégias". Más al fondo, fuera de foco una profesora de inglès se pregunta a quien se le habrá ocurrido incluir a Conrad en el temario de las 'opos'. ¿Son collonades la línea de la sombra?¿El corazón de las tinieblas?