Uno de los aspectos que me resultan más asombrosos y aborrecibles de lo que antes llamábamos "ideología dominante", es esa curiosa forma de fascismo que exhorta a los púberes al disfrute permanente y desacomplejado, y que les otorga de facto el derecho a la indolencia contumaz, mientras que, a la vez, exige a la adultez soportar las más viles humillaciones, responsabilidades, deberes y demás industrias de la competitividad y la miseria.
Nuestras escuelas son un espectáculo colosal en el cual los intérpretes se han quedado en blanco y sobreviven gracias a la ventrilocuía. Los powerpoint hablan por ellos.
Propondría decir "no" a los niños, aunque fuera de vez en cuando; exigir a los adolescentes aprovar la ESO con cierta dignidad; y, a la vez, me plantearía atreverse a levantar ni que fuera el dedo por algún que otro derecho laboral. Pero es que está muy mal visto. Pero que muy mal visto.
domingo, 15 de mayo de 2016
FASCISMOS
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