jueves, 5 de julio de 2012
Querido Josep,
Observo atónito como este trasunto de la decrepitud moral que hemos convenido en llamar "crisis" nos regala día a día nuevas sorpresas. Con la última te relamerías los bigotes -escéptico entre escépticos que siempre fuiste- y hasta la boina perderías de tanto troncharte con estos tiempos de liquidación de las ideologías. La paradoja es que siendo la política uno de los principales agentes de la situación en la que nos encontramos, solo desde la política puede haber una salida. Tal es el estado de excepción que de esto deriva. Es tal que provoca colosales convergencias donde jamás las hubiera podido sospechar. Y es que incluso el ultra liberal Sala-i-Martí coincide en que es urgente que las grandes fortunas asuman las principales presiones fiscales. Otros lo venimos advirtiendo desde el 2009, porque el principio es elemental. La presión fiscal sobre las clases medias deprime el consumo, mientras que para las rentas altas no afectan a su capacidad de demanda, de tal modo que con esa austeridad si es posible no penalizar el crecimiento.
Es tanta la obviedad que no puedo sino recordar la advertencia que lanzaron los amigos de Standard & Poor's cuando anunciaron que con tanto recorte la víctima se les iba a desangrar antes de tiempo. Y es que a pesar de su esquizofrenia sin fondo, incluso los Mercados advierten el círculo vicioso en virtud del cual la austeridad que la deuda exige imposibilita el crecimiento.
¿Hace falta algo más para decretar el fin de esta generación de políticos que realizaron su educación sentimental en el cine de los 80's y sus yuppies pasados de manhattan cocktails? La respuesta en boca del ministro Wert es que los Rato y Acebes son víctimas de "querellas que tienen una base meramente periodística"(La Vanguardia).
Por eso, Josep, entiendo que te partas de la risa, y yo mismo me regalaré también una buena cena y bien pronto unas sardinas frente al mar.
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